ESTAMBUL, CIUDAD MÁGICA

Entre Europa y Asia, la que fue capital de tres imperios nos aguarda.

Inmensa metrópolis nexo de culturas, colmada por el arte de su arquitectura única con la que los siglos de grandeza la han obsequiado.

Hermosa, misteriosa, exótica, una ciudad única.

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BIZÁNTION

El enclave más antiguo fue fundado por colonos de la Antigua Grecia, dándole nombre en homenaje de su primer gobernante; Byzas.

Esparta y Atenas se la disputaron, estando también en manos persas. Se encontrará tiempo después sometida por el reino macedonio de Filipo y su famoso hijo Alejandro Magno. Incluso los celtas llegaron a poseer Bizancio como tributaria.

Su posición estratégica, dominando el estrecho del Bósforo que conecta el Mar de Mármara con el Mar Negro, la volvía un lugar de enorme importancia. Lo cual benefició con grandes riquezas, pero también la convirtió en el objetivo de los conquistadores.

Será con Constantino I, emperador romano, que comience su verdadero crecimiento. Tras que un predecesor, Septimio Severo, la mandase destruir y más tarde reconstruir; el poderoso emperador decidió refundarla.

La llamó Nueva Roma y la convirtió en la capital de todo el imperio.

Pero dicho nombre quedó relegado, siendo más común llamarla Constantinopla, la ciudad de Constantino.

De este modo se convertiría en la ciudad más importante de Europa.

Con la división del Imperio Romano en Occidental y Oriental, demostró ser un enclave más capaz que la antigua Roma. Sus conexiones con Asia y África la beneficiaron por encima de su hermana itálica.

Y aunque desde el Sacro Imperio y el Vaticano se afanaron en nombrar como Imperio Bizantino a aquella inmensa nación y Bizancio a su capital; ellos seguían llamándose romanos y Constantinopla a su capital.

Este formidable imperio no verá caído su poder por las invasiones musulmanas o paganas, sino por las fuerzas de la Cuarta Cruzada. Las cuales, debido a los intereses genoveses y de otras potencias, arrasaron la urbe y la tomaron para sí. Comenzaba la época del Imperio Latino.

Pero esta fragmentada nación nada podrá contra la fuerza de los poderosos otomanos, los cuales tomarán la ciudad y reclamarán toda su gloria.

La toma de Constantinopla se considera el fin de la Edad Media, y desde entonces los turcos otomanos establecerán un imperio que durará hasta principios del s.XX desde su formidable ciudad.

El mismo Mehmed II, sultán de los turcos otomanos, reclamó para sí el título de Qaysar-î-Rum, “César de Roma”. Consciente de la grandeza que había alcanzado y de la enorme responsabilidad de mantenerla.

 

ISTANBUL

El nombre de Estambul proviene del griego, Eis tin Polis, “en la ciudad”. Pues era común referirse a Constantinopla como i Polis, “la Ciudad”.

De todos modos no se convertirá en el nombre oficial de la misma hasta el año 1930, ya caído el Imperio Otomano. Y perdida su posición como capital en favor de Ankara.

Aunque esto no detuvo su crecimiento. Teniendo en cuenta que su posición seguía siendo clave y que durante el mandato de los otomanos había sido cuidada con esmero.

Mayor ciudad turca en la actualidad y sin duda su capital cultural, así como su motor económico. Con un gran número de universidades, museos históricos y aún hoy día Sede del Patriarcado Ecuménico, una de las cabezas de la Iglesia Ortodoxa.

Y es que incluso en tiempos otomanos, fue destacable la multiculturalidad de esta nación. En donde las influencias romanas y griegas, fueron mezclándose con las previas y la cultura de los conquistadores túrquidos.

Hoy por hoy, tan solo en Estambul, viven unos 22.000 cristianos y unos 6.000 judíos.

Turquía no posee una religión oficial, y está constituida como una nación laica. De todos modos más del 90% de su población se considera musulmana, de mayoría suní. Aunque tienen amplia representación otras escuelas islámicas.

Eso sí, aunque oficialmente no se imponga el islam, este se enseña en las escuelas. Se considera parte cultural del país. El resto de credos tienen libertad de práctica.

Con más de 15 millones de habitantes, ciudad que conecta Asia y Europa; conjugando las influencias de ambos continentes en un conjunto único.

Considerada una de las ciudades más bellas del mundo y, sin lugar a dudas, poseedora de un carácter sin igual.

 

DIEZ LUGARES QUE NO TE PUEDES PERDER

Una ciudad como esta tiene diez mil lugares que visitar, pero estos que ahora te mostramos son indispensables para cualquiera que quiera disfrutarla.

Estambul ofrece su cultura única, su magna historia y esa exótica belleza.

Siempre descrita como demasiado oriental para Europa y demasiado occidental para Asia. Nosotros nos moveremos por el lado europeo, desde donde surgió la ciudad y se fue extendiendo.

Comencemos.

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Palacio Topkapi

Y lo hacemos primero por el edificio que encarnó el poder del imperio turco otomano.

El Palacio de la Puerta de los Cañones, es la traducción de su nombre. Se encuentra observando el llamado Cuerno de Oro, el estuario a la entrada del estrecho del Bósforo y que es donde se desarrolló la ciudad original.

Centro administrativo del Imperio Otomano y una de las principales atracciones turísticas de la urbe. Es un gran complejo palaciego de estilo imperial turco del s. XV, mandado construir por Mehmed II y perfectamente conservado en la actualidad, cumpliendo la función de museo.

Ocupa un superficie de unos 700mil metros cuadrados, gracias a las múltiples ampliaciones que se llevaron a cabo en él a lo largo de la historia.

En las diversas salas que se pueden visitar, se nos revelan las maravillas arquitectónicas logradas, la belleza de sus líneas y decoraciones.

Además de esto, destaca la gran colección de armas, que abarca desde el s. VII hasta el s. XIX. Tanto funcionales como ornamentales, de enorme valor.

Incluso en sus lujosas cocinas guardan auténticas maravillas. En ellas se alberga una de las exposiciones de porcelana y cristal más importantes del mundo.

Pero si lo que deseas es contemplar sus objetos más valiosos, en el Tesoro encontrarás lo que buscas. Un gran cantidad de joyas que muestran la riqueza de los sultanes otomanos, entre las que destaca el diamante llamado del Cucharero, de 88 kilates; o el puñal más caro del mundo, la Daga Imperial.

Aunque todo el palacio en sí es un museo, en su interior hay una estancia llamada Museo Arqueológico en el que se puede acercar uno más a su historia, gracias a los objetos que custodian.

El Harem del palacio es una visita aparte y hay que abonar una entrada a mayores para acceder. Aunque merece la pena por contemplar la riqueza de sus salas y acceder a esos lugares tan llenos del misterio que sus propias funciones le conferían.

Allí habitaron centenares de mujeres al servicio del sultán, así como los eunucos. Siendo también residencia de la propia familia real.

Es por ello que se trata de una parte del palacio realmente hermosa.

La visita a Topkapi nos acerca al poder que llegaron a ostentar los sultanes otomanos, nos permite entrar en su misma morada.

 

Mezquita Azul

Seguimos en el barrio más antiguo de la ciudad y nos detiene obligada la vista.

Esta impresionante construcción data del s.XVII, es conocida también como Mezquita del Sultán Ahmed; ya que fue ordenada construir por Ahmed I. Del cual podemos contemplar su trono en el anteriormente mencionado Palacio Topkapi.

Mientras que sus predecesores alzaron mezquitas tras sus victorias en campañas bélicas, Ahmed I lo hizo por todo lo contrario. Sus fuerzas habían sido vencidas en las luchas de Persia; así que para lograr de nuevo el favor de Alá, decidió elevar la mayor mezquita en su capital.

Desde el principio tuvo muchos problemas con ello. El primero fue la misma financiación, ya que no había fondos logrados en la guerra y se vio obligado a emplear el tesoro real.

Además de esto, se decidió que junto al cuerpo principal del edificio se alzasen 6 minaretes; las torres desde las que se llama a la oración. Esto se hizo en honor de la mezquita de la Meca, pero a muchos les pareció un acto soberbio por parte del monarca.

Por lo que Ahmed I lo solucionó financiando un séptimo minarete en la mezquita de la Meca.

Pero el proyecto sí era soberbio. El principal motor del sultán era lograr una construcción que superase al Hagia Sophía, el gran templo ortodoxo de la ciudad. Así que decidió que se elevase junto a ella, sobre el antiguo Palacio de Constantinopla y parte del hipódromo romano.

El coste aumentó, ya que hubo que pagar por los varios palacetes que se encontraban en la zona y sobre los que se edificaría.

Añadido a ello, los materiales empleados fueron caros y de una calidad impresionante.

Y así, mediante una mezcla de estilo turco e inspiración bizantina, se alzó una obra magnífica. Que lamentablemente Ahmed I no vio culminar, sino su hermano, sucesor y no demasiado afortunado, Mustafá I; aunque sí llegó a poder rezar en ella.

Es uno de los monumentos más fotografiados de Estambul, por no decir el que más. Pero aún con todo el turismo, no ha perdido su mística espiritual.

Mantiene su función como principal lugar sagrado de la ciudad y el visitante lo respeta, gracias a ello se puede disfrutar su belleza, a la vez que se respira esa energía de los grandes templos.

Visita ineludible, aunque sea simplemente para tomar una instantánea de sus formas bañadas por la luz del atardecer.

 

Mezquita de Santa Sofía

El Hagia Sophia, dedicado a la Divina Sabiduría, lugar erigido con tintes gnósticos como la gran iglesia del patriarcado ortodoxo de Constantinopla.

Fue catedral cristiana ortodoxa, católica en el periodo del Imperio Latino y al fin mezquita, tras la conquista otomana. Siendo actualmente museo y uno de los lugares más visitados de Estambul.

Construida en el año 360, ya entonces con su famosa cúpula, aunque será modificada la estructura de la iglesia varias veces. La más importante, durante el mandato del emperador bizantino Justiniano a principios del siglo VI, que le dará la forma general que más la definirá. Es la llamada tercera iglesia.

Mehmed II conquistará Constantinopla y reconvertirá el Hagia Sophia en mezquita, añadiéndole los minaretes y algunos otros rasgos islámicos. Pero la fuerza de este edificio marcará la arquitectura del resto de mezquitas otomanas. Ejemplo es la anterior mencionada, la Mezquita Azul.

Cumplió funciones religiosas hasta el año 1931, en que serán cerradas sus puertas al público, para volverse a abrir cuatro años más tarde, ya como museo.

El hito arquitectónico que sus diseñadores lograron, Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto, se considera un punto clave en la historia. La ligereza y espacio logrado en su interior, que soporta la enorme y engalanada cúpula, dejó sin palabras a quienes la contemplaron por vez primera.

Y también a tantos que hoy día acuden a visitarla.

Como ya mencionamos antes, Ahmed I quiso alzar su Mezquita Azul frente a Santa Sofía; por lo que ambas magníficas obras se encuentran una frente a la otra, rodeadas de verdes ajardinados y con las aguas del Bósforo tras ellas.

Aunque ha perdido su carácter religioso, conserva su solemnidad en las formas, en sus mosaicos y en esa belleza pausada.

Luminosa y cargada de milenaria historia.

Fue en ella, siendo iglesia del patriarcado de Constantinopla, donde comenzó el famoso Cisma que separará por siempre a católicos de ortodoxos en los primeros años del primer milenio.

Y tras la toma de la ciudad por las fuerzas de la Cuarta Cruzada, instaurándose el Imperio Latino, será coronado en ella Balduino I; su primer emperador.

Siendo uno de los iconos de la ciudad, es pecado no acudir a ella.

 

Gran Bazar

Este inmenso laberinto de calles comerciales conforma uno de los mayores bazares del mundo.

Aún caminamos el barrio viejo, a poca distancia de la Mezquita Azul y el Hagia Sophia, justo tras el Çemberlitaş Hamami, los baños turcos más famosos de la ciudad.

Unas 4.000 tiendas repartidas en más de 60 calles y 16 patios. Una extensión de 45mil metros cuadrados, en los que encontraremos todo tipo de negocios. Aunque destacan sus joyerías, orfebres y tiendas de alfombras.

Su división es tanto práctica como histórica, pues mantiene ese orden medieval distinguiendo calles según gremio. Los nombres de las mismas también derivan de ello.

La zona ya era empleada en tiempos bizantinos con este fin, pero será con la conquista otomana que el sultán Mehmed II establezca el Gran Bazar en el s. XV. De modo que este será el corazón mercantil de la gran Constantinopla durante muchos siglos.

Debido a una serie de desastres a lo largo del tiempo, desde terremotos a incendios, el Gran Bazar debió verse sometido a remodelaciones. La última y que le dio su división actual data de 1894.

En el pasado los principales productos eran artesanías y mercancías llegadas desde remotos confines, incluso contaba con un sistema de banca propio. Pero hoy día los productos manufacturados procedentes de otros países se han ido abriendo un hueco.

No se puede pasar por Estambul sin visitar el Gran Bazar. Recorrer sus coloridos puestos, respirar ese exótico ambiente, donde mercaderes y clientes regatean precios, rodeados por sus brillantes productos.

Aprovechamos para mencionar al próximo y más pequeño Bazar de las Especias, también llamado el Bazar Egipcio.

Constantinopla era el último puesto de la conocida Ruta de la Seda, que llegaba a través de Egipto y alcanzaba la capital imperial por el Mediterráneo. Sería desde la magna metrópolis que se distribuirían sus preciadas mercancías llegadas de China y la India al resto de Europa.

En la actualidad el Bazar de las Especias oferta productos gastronómicos típicos de Estambul, como sus famosos dulces. También cuenta con el mercado de aves y flores.

 

El Puente y la Torre Gálata

Cruzando el Cuerno de Oro los bizantinos idearon un sistema de cadenas para proteger la entrada a sus puertos. Fue sobre este sistema que se construyó el primer puente, que no sería más que una pasarela de madera, pero que se trató de un proyecto verdaderamente ambicioso por parte de los gobernantes otomanos.

La visita de Napoleón a Estambul, motivó la construcción de un nuevo puente en el año 1863, con la intención de impresionarle.

Este afirmará: Si el mundo fuese un solo estado, Estambul sería su capital.

Dicho puente sufrirá daños durante un incendio y será reconstruido en 1994. Siendo el que encontraremos en la actualidad.

Pero lo llamativo de este puente, además de unir a la vieja Constantinopla con la moderna al otro lado del estuario; es que es un pequeño pueblo en sí mismo.

Cruzado por varios carriles para vehículos, cuenta con una plataforma inferior con terrazas, comercios y restaurantes. Al encontrarse casi al nivel del agua, se disfruta de unas vistas inmejorables.

Mide 490 metros, una parte levadiza para el tráfico marítimo y cuenta con zonas peatonales para transitarlo.

Y es cruzándolo, partiendo desde el Bazar de las Especias hacia el Barrio de Beyoglu, que llegaremos a un punto que llamará poderosamente la atención; la Torre Gálata.

Fue erigida por los genoveses, como parte de la ampliación de su colonia en Constantinopla, en el año 1348. Y con sus más de 65 metros de altura se convirtió en el edificio más alto de la ciudad.

Además de admirar esta poderosa obra, podrás ascender hasta sus pisos superiores, donde se encuentra en la actualidad tanto un restaurante como una cafetería. Un lugar con unas vistas inmejorables de la ciudad.

Como dato curioso, según el historiador otomano del s. XVII, Evliya Çelebi, un hombre llamado Hezârfen Ahmed Çelebi logró volar con un aparato similar a enormes alas lanzándose desde la Torre Gálata. Supuestamente cruzando el Bósforo entero.

Y si esto no te ha sorprendido, también se comenta que el hermano de este, Lagari Hasan Çelebi, lo haría tres años más tarde sobre un cohete de pólvora.

Esta historia es popular en Turquía, tanto una mezquita como uno de los aeropuertos de Estambul llevan el nombre en honor de Hezâfen; que sería el primer hombre en lograr volar.

No te aconsejamos emularlo, pero sí que observes por ti mismo la locura que sería arrojarse con unas alas experimentales desde lo alto de la Torre sobre la gran urbe.

 

Plaza Taksim y Avenida Istiklal

Continuamos en el Barrio de Beyoglu para acercarnos a una de las avenidas más concurridas de la ciudad, ya desde tiempo bien antiguo.

La Avenida de la Independencia, se extiende desde el barrio medieval genovés en torrno a la Torre Gálata y alcanza la Plaza Taksim. Un recorrido peatonal de aproximadamente 3 km, repleto de tiendas y servicios.

Pero si se te hace demasiado larga, no te preocupes, una línea de tranvía la recorre.

No solo es un reclamo turístico, sino que también acuden los locales; con lo que la calle suele estar muy transitada.

Ya en tiempos antiguos era en estos lugares donde venecianos y genoveses ofrecían sus productos, por lo que nos encontramos en un punto que continua una histórica tradición.

No solo restaurantes, cafeterías y tiendas para turistas te esperan. También librerías, galerías de arte, teatros… En tiempos no demasiado remotos Istiklal Caddesi era la zona más elegante de toda la ciudad.

Y aún guarda parte de aquella estética, por lo que no es difícil dejarse llevar por la imaginación y creerse a principios del s. XX.

Como pieza histórica destacar el Hotel Pera Palace, construido para acoger a los viajeros que llegaban a la urbe en el no menos famoso Orient Express. En sus habitaciones se hospedaron personajes de gran relevancia, Mohamed Atatürk padre de la República de Turquía, Alfred Hitchcock, Ernest Hemingway o Agatha Christie; que escribió Asesinato en el Orient Express mientras se encontraba allí.

Llegamos así a la Plaza Taksim, centro del Estambul moderno en el lado europeo.

Al igual que la Avenida Istiklal, en esta amplia plaza encontraremos una gran variedad de servicios. Restaurantes, cadenas de comida rápida, pubs, tiendas diversas y los mejores hoteles de la ciudad.

La plaza es centro del sistema de metro, estando en ella su estación central, que la comunica con toda la ciudad.

Junto a la plaza, en uno de sus laterales, se encuentra el Parque Taksim Gezi. No es demasiado grande, ni hay nada destacable en él; pero cumple su función. Espacio verde de agradable paseo, necesario en una ciudad tan inmensa como Estambul.

El gobierno turco pretendió hace unos años destruirlo y construir en la zona un centro comercial que tomaría el aspecto de los antiguos cuarteles otomanos que se encontraban allí. Pero la respuesta en contra de la población detuvo el proyecto. No sin antes realizarse duros enfrentamientos con la policía.

La movilización ciudadana fue masiva y se logró que el parque fuese respetado. De todos modos, la Plaza Taksim sigue siendo modernizada; con el afán de ampliar su carácter comercial.

 

Palacio Dolmabahçe

Ya hemos mencionado este palacio previamente y es hora de detenernos en él.

Lo encontrarás cerca de la Plaza Taksim, dirigiéndonos hacia la costa, en el Barrio de Besiktas.

Es el primer palacio de estilo europeo que se construyó en la ciudad, encuadrándose en el estilo neo-barroco, durante los años 1842 y 1853.

Se encuentra directamente sobre el Bósforo, lo cual aumenta si cabe la belleza de su fachada. Y es que fue construido sobre un relleno que se ganó a las aguas, en el que se encontraban los jardines imperiales. El nombre deriva de ahí, dolma significa lleno y bahçe significa jardín.

Fue el heredero del Palacio Topkapi, trasladándose a él la corte del sultán y toda la administración del Imperio Otomano, durante el mandato de Abd-ul-Mejid I.

También fue residencia de Mustafa Kemal Atatürk, fundador y primer presidente de la República de Turquía; que vivirá en él sus últimos años. Personaje fundamental de la historia moderna del país.

En la actualidad es un museo y su visita te sorprenderá gratamente.

Elegantes alfombras, algunas con más de un siglo de antigüedad, como las regaladas por el zar de Rusia de piel de oso.

Su espectacular lámpara de araña, realizada con cristal de Bohemia, la mayor de estas y regalo de la reina Victoria. Esta maravilla corona la fastuosa Escalera de Cristal, en la que sus balaustres están realizados en cristal de Baccarat.

Tanto sus más de 300 estancias, como sus jardines, recogen el carácter de su realeza y del poder de aquellos últimos sultanes. La superficie del edificio alcanza los 15mil metros cuadrados, convirtiéndolo en el mayor del país.

Entre las habitaciones que se pueden visitar se encuentra la del propio Atatürk, en donde vivió sus últimos días. El antiguo Salón del Trono, que te dejará sin palabras. O el Harén, las dependencias privadas del Sultán y su familia.

Las visitas al palacio se pueden realizar martes, miércoles y viernes, de 09:00 a 15:00.

Es aconsejable recorrerlo a primeras horas, pues suele estar más concurrido conforme avanza la mañana.

 

Iglesia San Salvadores de Cora

Pero vamos a regresar a la ciudad vieja para detenernos en dos lugares que atraen por buenos motivos a los visitantes de Estambul.

El primero es esta iglesia de origen bizantino, considerada el más bello referente de la arquitectura sagrada de su tiempo.

Como otras estructuras religiosas, fue reconvertida en mezquita tras la conquista otomana, pero desde 1948 cumple función como museo.

Y al igual que otras obras bizantinas, muestra una sobriedad elegante en su exterior que deslumbra con un interior decorado con magníficos frescos y una arquitectura que juega con los espacios y la luz, como ninguna otra.

La estructura original se construyó sobre una acrópolis previa, es decir, que ya en tiempos pretéritos era aquella tierra sagrada para sus gentes.

Hablamos del s. IV, aunque será modificada en los siglos posteriores. Sobretodo tras un terremoto en el año 557.

De todos modos la iglesia actual nos viene en mayor medida legada del año 1081, en tiempos de Alejo I. Un par de siglos más tarde debió reconstruirse una parte que se derrumbó, supuestamente por un nuevo temblor.

Serán de estos tiempos los bellos mosaicos que la engalanan.

Cuando los otomanos toman Constantinopla y la iglesia se convierte en mezquita, se vieron ante el conflicto de qué hacer con las representaciones de dichos frescos; pues el islam prohíbe la imaginería que muestre al hombre.

Incapaces de destruirlos, se decidieron a cubrirlos con yeso.

Restaurados, hoy se muestran al visitante que queda sobrecogido ante el trabajo de aquellos antiguos artesanos.

Sin duda no te defraudará.

 

La Cisterna Basílica

 

Crucero por el Bósforo

Normalmente nos solemos referir a poblaciones, monumentos o ciertas localizaciones. Pero en este punto hemos decidido incluir actividad que se ha ganado gran popularidad entre los visitantes de esta bella ciudad.

El estrecho del Bósforo divide Estambul entre Europa y Asia. Conecta el Mar de Mármara con el Mar Negro. Y es el motivo por el que se fundó allí la antigua Bizancio.

Con unos 30 km de largo y una anchura de entre 700 metros y 4 km en la zona que se abre hacia el Mar Negro; se ve rodeado por la inmensa megalópolis y desde sus aguas se pueden contemplar un gran número de bellas edificaciones.

Por ello se ha convertido en una de sus más llamativas actividades. Tanto a lo largo del día, como los cruceros nocturnos.

Los cruceros que se ofertan tienen diversos precios según destino y duración. Así como si se contratan con servicio de guías.

Las vistas y sensaciones que realmente ofertan merecen la pena.

Además que solo en barco podremos acercarnos a la Torre de Leandro, también llamada Torre de la Doncella. Levantada en un pequeño islote y que formaba parte de las líneas defensivas marinas de la ciudad.

La leyenda cuenta que a un emperador le fue realizado un oráculo sobre su más amada hija, y era que esta moriría por la picadura de una serpiente antes de cumplir los 18 años. Para evitarlo, el emperador la trasladó a la torre, en donde vivió confinada.

En su 18 cumpleaños, feliz al comprobar que la profecía no se cumpliría, le envió una enorme cesta de frutas. Pero entre estas se escondía una aspid, que mordió a la joven princesa matándola en el acto.

Y de ahí ese segundo nombre que se le da.

Desde las aguas del Bósforo contemplarás la Mezquita Azul junto a la Hagia Sophia, el gran Palacio Dolmabahçe, la Mezquita Ortakoy, la Fortaleza Rumeli Hisar o los Palacios de Bylerbeyi o de Ciragan.

No podemos olvidar los Yalis, hermosos palacios de madera junto al Bósforo.

Sin duda los meses de veranos son la mejor época para disfrutar de las terrazas a orillas del estrecho, así como de las increíbles puestas de sol y amaneceres.

En el invierno es común que nieve en Estambul, bajando las temperaturas hasta los 3 grados bajo cero. Así que quien disfrute de los climas fríos, podrá contemplar un paisaje totalmente distinto al que se tiene habitualmente de esta ciudad.

 

CRISOL DE LOS MUNDOS

En el pasado, desde los tiempos de Constantino I, no había ciudad que pudiese competir con Bizancio.

La mayor, la más próspera, la más hermosa.

Donde todos los mundos se unían.

Ni siquiera la llegada de los otomanos pudo someter su fuerza. Sino más bien se vieron sometidos ellos por su propia conquista.

Estambul nunca se negó a aprender del mundo y este la nutrió. Forjándose así ese carácter único, ese maravilloso espíritu que admiraron en la Edad Media, que hacía soñar a los románticos del siglo XIX, y que aún hoy atrapa a quien la visita.

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